¿Cómo empezó todo?

¿Cómo empezó todo?

Una cosmología, como la palabra ya nos indica (“cosmología” viene del griego κόσμος -kósmos, ‘universo’- y λογία -logía, ‘tratado’ o ‘estudio’) es un estudio de las leyes, el origen y la evolución del universo. El poeta griego Hesíodo (que vivió, aproximadamente, durante los siglos VIII y VII antes de Cristo) escribió una cosmología de tipo mitológico en la cual ya podían apreciarse algunos rasgos de lo que será la filosofía.

Aristóteles (384-322 a. C.) -uno de los filósofos más importantes y conocidos de la historia de la filosofía- afirma en su obra Metafísica que Hesíodo fue probablemente el primero en buscar el comienzo de todas las cosas cuando dijo que:

antes que todas las cosas fue el Caos, y después

la Tierra de ancho seno…

y el Amor que sobresale entre todos los inmortales.

Aristóteles, Metafísica, traducción de Tomás Calvo, Editorial Gredos, Madrid, p. 85 (Libro I, 4, 984 b 25).

Hesíodo, Obras y fragmentos, Teogonía, traducción de Aurelio Pérez Jiménez, p. 76 (116 y ss.).

En primer lugar existió el Caos.

Parece ser que Hesíodo, antes de ser poeta, se dedicaba con su familia al pastoreo y a la agricultura. Una vez, según cuenta él mismo en su obra Teogonía, escuchó un bello canto mientras apacentaba sus ovejas al pie de la montaña sagrada Helicón. Este bello canto provenía de las musas del lugar, todas hijas del poderoso dios Zeus, que tuvieron la consideración de dirigirse a Hesíodo, darle un cetro e informarle de todos los pormenores relativos al origen de los dioses y del mundo:

“¡Salud, hijas de Zeus! Otorgadme el hechizo de vuestro canto. Celebrad la estirpe sagrada de los sempiternos Inmortales, los que nacieron de Gea y del estrellado Urano, los que nacieron de la tenebrosa Noche y los que crió el salobre Ponto. Decid también cómo nacieron al comienzo los dioses, la tierra, los ríos, el ilimitado ponto de agitadas olas y, allí arriba, los relucientes astros”.

(Hesíodo, Teogonía, 105)

Hesíodo, inspirado por las musas, nos cuenta que “en primer lugar existió el caos”. Su narración guarda relación con otras narraciones míticas más antiguas de origen oriental (investigaciones encuentran muchas semejanzas con textos hurritas, pueblo que en la antigüedad ocupaba el actual norte de Irak, o con el mito Enuma Elis -”Cuando en un principio”-, poema babilónico que habría sido compuesto entre el 1895 y el 1595 antes de Cristo, en la época de la primera dinastía babilonia).

Vid. Hesíodo, Obras y fragmentos, Teogonía, introducción, traducción y notas de Aurelio Pérez Jiménez y Alfonso Martínez Díez, pp. 30-33 (Introducción general).

Del caos surgió Gea (la Tierra), la cual engendró, con la ayuda de Eros (el amor y la atracción sexual), a Urano (el Cielo). Urano y Gea se unieron y de su unión nacieron los Cíclopes (quienes en medio de su frente tenían un solo ojo), los Hecatónquiros (gigantes de cien brazos y cincuenta caras), los Titanes y sus hermanas las Titánides. El más joven de los Titanes se llamaba Cronos (el Tiempo), “de mente retorcida, el más terrible de los hijos”, que tenía un intenso odio hacia su padre, según cuenta Hesíodo.

Urano (el Cielo) estaba celoso de los hijos que iba concibiendo Gea (la Tierra) pues tenía miedo de que pudiesen algún día arrebatarle su poder. Así, no dejaba que salieran del seno de su madre, por lo que Gea sufría terribles dolores.

Gea, que estaba a punto de reventar, urdió un plan: fabricó una enorme hoz y les pidió a sus hijos que cortaran los genitales de su padre, los cuales taponaban la salida de los hijos nonatos. De todos los hijos fue Cronos (el Tiempo) el que se atrevió a realizar el plan de su madre y, así, liberarla de la opresión de Urano.

Al verse vencido por su propio vástago, Urano maldijo a su hijo, afirmando que le llegaría su justo castigo en el futuro, que él también sería destronado por uno de sus hijos. Cronos, que había ocupado el lugar de su padre en el Cielo y se había casado con su hermana Rea, inventó una manera para evitar esa maldición: ir tragándose a sus hijos descendientes según iban naciendo, uno tras otro; “y Rea sufría terriblemente”, nos cuenta el poeta Hesíodo.

Cuando Rea, esposa y hermana de Cronos, supo que estaba embarazada de su sexto hijo -el poderoso Zeus-, huyó de Creta para tenerlo en secreto. Pero en el momento en el que el terrible Cronos (el Tiempo) se enteró de lo sucedido, exigió a Rea que le entregara al recién nacido para engullírselo también. Rea envolvió en pañales una enorme piedra y se la entregó a su esposo Cronos, que se la tragó y se quedó tranquilo, pensando que la situación volvía a estar controlada.

Pero Zeus, el “invencible e imperturbable” hijo de Cronos (así lo califica Hesíodo) luchó contra su padre y lo venció, obligándole a vomitar a sus hermanos que se había tragado. Y estableció, definitivamente, su reinado sobre mortales e inmortales:

“Reina sobre el cielo y es dueño del trueno y del llameante rayo, desde que venció con su poder al padre Cronos. Perfectamente repartió por igual todas las cosas entre los Inmortales y fijó sus prerrogativas”.

(Hesíodo, Teogonía, 71)

La Teogonía de Hesíodo, de la que esto es solo un pequeño resumen de algunas de sus partes, es “el primer poema griego que busca una explicación divina al orden del mundo y que basa esa explicación en el triunfo definitivo del bien sobre el mal” (Vid. Hesíodo, Obras y fragmentos, op. cit., pág. 66). Considerando mitos que procedían de otras culturas, Hesíodo encuentra respuestas para explicar la clave del orden del cosmos: el bien triunfa sobre el mal, al igual que lo justo triunfa sobre lo injusto: el malvado y violento Urano es castigado por Cronos quien, a su vez, al ser también cruel y tiránico, encuentra el castigo en manos de su hijo Zeus. Este último, que representa el orden y la justicia, tendrá soberanía eterna.

 

Zeus es el orden y la justicia, por lo que su soberanía será eterna.