“Amor a la sabiduría”.

“Amor a la sabiduría”.

Etimológicamente, filosofía significa “amor a la sabiduría”. Parece ser que el primero en usar esta palabra en un sentido específico fue Pitágoras de Samos (569-475 a. C.), o al menos eso cuenta el filósofo Cicerón, que narra cómo Pitágoras explicó a un tirano lo que era la filosofía mediante una comparación…

(José M. Pabón S de Urbina, Diccionario bilingüe Manual Griego clásico-español, VOX, Larousse Editorial, 2018, p. 625)

Ningún hombre es sabio, sólo Dios.

Fue Pitágoras quien, dialogando en Sición (antigua ciudad griega) con León, el tirano de los fliasios (de la pólis griega Fliunte), se llamó a sí mismo filósofo y, tal y como también nos cuenta Diógenes Laercio (el cual recoge el testimonio de Heráclides del Ponto, un discípulo de Platón, otro filósofo), afirmó que “nadie era sabio, solo la divinidad”. Filósofo, en cambio, es “el que ama la sabiduría”.

León, que estaba maravillado del talento y de lo bien que se expresaba Pitágoras sobre cuestiones complejas, le pidió que le explicara qué era eso de la filosofía, a lo que el filósofo quiso responder -nos cuenta Cicerón- comparando la vida humana con una gran feria (concretamente, las grandes fiestas de Olimpia, donde se celebraban antiguamente las Olimpiadas, fiestas nacionales que juntaban a todos los griegos). A esos lugares, acudían muchos hombres a hacer negocios, “intentando obtener una ganancia comprando y vendiendo”; estaban también, por supuesto, aquellos que acudían a tratar de “alcanzar la gloria y la celebridad de la corona de la victoria con sus cuerpos entrenados”; pero aún había otro tipo de personas allí.

El tercer tipo de personas que acuden a esas fiestas suelen ser menores en número, y no son “esclavos de la gloria o del dinero” sino que acuden meramente para ver lo que ocurre: esos últimos son los filósofos, que “se dedican con pasión a examinar la naturaleza de la realidad”, sin buscar nada para sí. Para Pitágoras (como después también para Aristóteles, otro filósofo importante) estaba claro que tanto en las ferias como en la vida, “la contemplación desinteresada y el conocimiento de la realidad son actividades que superan con mucho a todas las demás”.