Unas determinadas doctrinas profesadas por unas determinadas personas…

Podemos definir la “historia de la filosofía” como la historia de unas determinadas doctrinas que fueron profesadas por unas determinadas personas a las que llamamos “filósofos/as”.

Una tarea que se va haciendo en el curso de la historia.

Los filósofos y las filósofas, esto es, las personas que dedican su vida a la tarea filosófica de una manera esmerada, se han ido ocupando de realizar y transmitir esta vocación a lo largo de los siglos. Sus comienzos en la historia europea hay que situarlos en Grecia, en el siglo VI antes de Cristo, momento en el que los llamados “primeros filósofos” comenzaron a dedicarse a algo que, para el sentido común, era prácticamente inútil. Pero la filosofía no solo se dio en Europa: hoy se estudia en profundidad la historia del pensamiento tal y como se fue desarrollando en otros lugares del mundo, fundamentalmente, aunque no solamente, en la India y la China. Pero nosotros apenas trataremos esas tradiciones aquí.

¿Y en qué consiste esa vocación, esa tarea a la que se han dedicado de manera esmerada algunos hombres y mujeres a lo largo de la historia, una dedicación inútil para el sentido común? Consiste, desde su comienzo, en algo así como una fuerza vital permanente, una expresión genuina de nuestra especie humana (como lo son, también, la religión, el arte, el derecho o la ciencia); una fuerza según la cual tomamos conciencia de nosotros mismos, una actividad espiritual conforme a la que se manifiesta el contenido del pensamiento humano, los problemas aparentemente sin solución que se plantea, su búsqueda de las verdades profundas, sus errores, sus contradicciones e interminables discusiones.

La historia de la filosofía es la historia de la búsqueda de la verdad y, en ese sentido, se trata de una especie de tesoro en el que ha ido acumulándose lentamente cierta sabiduría. ¿Por qué nos interesa conocer los intentos pasados de encontrar la verdad? La respuesta es que, contra lo que pueda pensarse en una primera aproximación, el pasado no es algo fijo, sino que se trata de algo siempre cambiante según cambia nuestro presente. Siempre podemos redescubrir algo nuevo en el pasado, pues cada época ha poseído una visión distinta de la Antigüedad. Los filósofos y las filósofas, hombres y mujeres de carne y hueso que formularon doctrinas con sus posibles aciertos y errores, vivieron sus filosofías insertos en una determinada época. Y toda época presente modifica las épocas pasadas, por lo que no podemos saber todavía qué nos reservan para el futuro las filosofías pasadas -esos intentos de alcanzar la verdad-, qué enseñanzas seremos capaces de extraer de ellas.

La alegría de lo inesperado.

La historia muestra que el futuro nunca está enteramente determinado por el pasado: el sentido de la historia va constituyéndose a cada momento, sobre la marcha, y la filosofía trata de alcanzarlo. Lo inesperado de la historia puede causar temor, aunque también puede suponer una alegría: contra todo determinismo, supone la alegría de lo inesperado, de lo no previsto.

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Siempre cabe la posibilidad de que surja lo inesperado, lo no previsto.

Lo inesperado de la historia puede causar temor, aunque también puede suponer una alegría…