Parménides y la escuela de Elea


LA FILOSOFÍA ANTIGUA // La filosofía en el mundo griego // Los primeros filósofos // Tales de Mileto // Anaximandro de Mileto//Anaxímenes de Mileto // Heráclito de Éfeso // Pitágoras y el pitagorismo// Parménides y la escuela de Elea // Empédocles de Agrigento //Anaxágoras de Clazomene // Demócrito de Abdera // Los sofistas //Sócrates // Platón // Aristóteles // Estoicismo // Epicureísmo//Pirronismo // La Academia y el Liceo // La ciencia helenística // La filosofía en la época romana // Eclecticismo // Neoplatonismo // La Patrística // Agustín de Hipona //


[Autoría del texto principal: César Tejedor Campomanes, en Historia de la Filosofía en su marco cultural, Madrid, SM, 1993, pp. 28-29. Se han hecho pequeñas modificaciones ajenas al autor]

(en construcción)


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Diógenes Laercio, Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, pág. 180, edición digital disponible con fines de estudio e investigación exclusivamente, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

En Elea -también en Italia meridional– se funda otra “escuela” filosófica, pero mucho más reducida y de carácter exclusivamente filosófico.

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Xenophanes, ancient Greek philosopher. From Thomas Stanley, (1655), The history of philosophy: containing the lives, opinions, actions and Discourses of the Philosophers of every Sect, illustrated with effigies of divers of them.

Tradicionalmente se ha atribuido esta fundación a Jenófanes de Colofón (Jonia), quien habría emigrado a Italia, instalándose en Elea, donde habría tenido como discípulos a Parménides y otros. Pero estos datos son muy poco seguros. Lo más probable es que fuera Parménides quien fundó la escuela de Elea.

Parménides de Elea (aproximadamente, 515-450 a. C.) vivió en esta ciudad y participó en la redacción de sus leyes. Es probable que se haya iniciado en la filosofía a través de los grupos pitagóricos (se dice que fue discípulo del pitagórico Ameinias y que llevó una “vida pitagórica”), para luego abandonarlos y crear su propia escuela y su propia filosofía.

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Jenófanes de Colofón, 163, en G. S. Kirk, J. E. Raven y M. Schofield, Los filósofos presocráticos. Historia crítica con selección de textos, versión española de Jesús García Fernández, Editorial Gredos, Madrid, 1999, p. 243

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Parménides de Elea, 287 (Diógenes Laercio), en G. S. Kirk, J. E. Raven y M. Schofield, Los filósofos presocráticos. Historia crítica con selección de textos, versión española de Jesús García Fernández, Editorial Gredos, Madrid, 1999, p. 347

Gozó de un gran prestigio: Platón lo llama “digno de veneración y, a la vez, tremendo“.

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Platón, Teeteto, (183e), traducción, introducción y notas a cargo de A. Vallejo Campos, en Diálogos V, Parménides, Teeteto, Sofista, Político, Editorial Gredos, Madrid, 1998, p. 259

Expuso su doctrina en un Poema compuesto en hexámetros. En él se contienen críticas a las ideas pitagóricas y referencias a Anaxímenes y, quizá, a Heráclito. Por fortuna, se conservan amplias secciones de este Poema, lo cual no impide que su interpretación sea extremadamente difícil e insegura.

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Dave Robinson y Judy Groves, Filosofía para todos, Paidós, Barcelona, 2005, p. 12

Comienza el Poema con un proemio de sabor mítico -inspirado probablemente en la literatura oracular y mistérica-, que da a entender que lo que sigue debe considerarse como una “revelación” filosófica.

El núcleo fundamental del Poema se divide en dos partes: la vía de la verdad, en la que Parménides expone su propia doctrina filosófica, y la vía de la opinión (dóxa), en la que -utilizando algunos elementos tomados de los pitagóricos- se expone una cosmología que probablemente rechaza Parménides como engañosa. Sólo nos interesa, pues, la primera parte.

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Parménides de Elea, 288, en G. S. Kirk, J. E. Raven y M. Schofield, Los filósofos presocráticos. Historia crítica con selección de textos, versión española de Jesús García Fernández, Editorial Gredos, Madrid, 1999, pp. 350-351

La vía de la verdad comienza presentando un dilema que se expresa en términos enigmáticos y abstractos:

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Parménides de Elea, 291, en G. S. Kirk, J. E. Raven y M. Schofield, Los filósofos presocráticos. Historia crítica con selección de textos, versión española de Jesús García Fernández, Editorial Gredos, Madrid, 1999, p. 353

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Parménides, 1044-1045, en Conrado Eggers Lan y Victoria E. Juliá, Los filósofos presocráticos I, Editorial Gredos, Madrid, 2000, p. 477

El pasaje es difícil de interpretar, e incluso de traducir. Quizá, en principio, Parménides no quiere decir más que algo muy simple: sólo es lo que es y no lo que no es. Sólo “lo que es” (el Ser), es y es pensable. El no-Ser, ni es, ni es pensable.

A partir de este principio evidente, Parménides pretenderá construir la vía de la verdad. Y, así, deducirá que el Ser (“lo que es”) es ingénito e imperecedero; finito, continuo y único; indivisible e inmóvil. En efecto: el Ser es imperecedero e inengendrado, porque en caso contrario habría que suponer que procede del no-Ser y vuelve a él; pero el no-Ser es impensable e inexistente. Del mismo modo, el Ser es “uno”, ya que si hubiera otra cosa sería el no-Ser. E inmóvil, pues todo cambio sería hacia el no-Ser. E indivisible, puesto que el vacío que separaría las partes equivale al no-Ser, etc.

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Manuel García Morente, Lecciones preliminares de filosofía, Editores Mexicanos Unidos, México D. F., 1978, p. 86

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“Parménides”, en José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, Tomo III (K-P), Editorial Ariel, Barcelona, 2001, pp. 2705-2707

Como se ve, Parménides realiza en su Poema un notable “ejercicio de lógica”, separándose de los primeros físicos jonios, que hablaban únicamente de “los seres” y buscaban un arché de carácter concreto e incluso empírico. Por supuesto, la lógica de Parménides no resulta demasiado convincente, al manejar únicamente dos conceptos contrapuestos: Ser y no-Ser. Pero ¿qué quería decir en realidad?

  •  En primer lugar, parece que Parménides intentó una verdadera demolición de la filosofía de sus predecesores, especialmente de los pitagóricos. Ése es el significado que tiene su negación del vacío, el tiempo y la pluralidad. El cambio y el movimiento son considerados como ilusorios. Especialmente Parménides ataca el dualismo pitagórico, admitiendo como atributos del Ser aquellos que figuran en la columna de la izquierda de la enumeración pitagórica (y que pueden ser establecidos racionalmente): limitado, uno, inmóvil.
  • El “Ser” a que se refiere Parménides es, desde luego, la realidad, o el mundo. Y Parménides no podía concebirlo sino como algo corpóreo (la distinción entre material e inmaterial no existía todavía). El mundo, pues, es algo limitado, compacto, inengendrado e imperecedero, excluyéndose la posibilidad de cambios y movimientos. Es como “una esfera bien redonda”, inmóvil y eterna.
  • De un modo explícito se introduce la distinción entre verdad y apariencia (u opinión), y se otorga la primacía a la razón (lo que se puede pensar) por encima de las apariencias sensibles y engañosas. El problema del conocimiento surge, pues, como nuevo problema filosófico.

Entre los discípulos de Parménides, el más conocido es Zenón de Elea (aproximadamente, 490-420), quien elaboró las famosas aporías o argumentos contra las tesis pitagóricas opuestas a la doctrina de su maestro (especialmente contra el movimiento –si Aquiles se moviera, por ejemplo, no podría alcanzar nunca a una tortuga– y la pluralidad).

(Vídeo en inglés sobre la paradoja de Aquiles y la tortuga)

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Barry Loewer, 50 teorías filosóficas intelectualmente estimulantes, traducción de Eva María Cantenys, Editorial Blume, Barcelona, 2010, pp. 68-69

Pero mayor importancia tiene Meliso de Samos (de quien sólo se sabe que en 440 mandaba la escuadra que derrotó a los atenienses frente a Samos), que continuará -quizá cada vez más arrinconado- la defensa de la filosofía de su maestro frente a los ataques de los pitagóricos, Anaxágoras y, quizá, algunos más. Ello le obligará a modificar algunas de las tesis de Parménides: el Ser (o “Uno”) ha de ser infinito (no finito, como afirmaba Parménides), puesto que si fuera finito debería haber algo más allá de sus límites, algo que lo limitara, es decir, el vacío. Parece que también afirmó que el Uno debería ser incorpóreo, ya que si fuera corpóreo se podría dividir en partes.

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Miguel García-Baró, De Homero a Sócrates. Invitación a la filosofía, Ediciones Sígueme, Salamanca, 2004, p. 91

(El filósofo Gustavo Bueno habla sobre la plena actualidad de los problemas planteados por los presocráticos)

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Parménides (apuntes en PDF)


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