Los sofistas


LA FILOSOFÍA ANTIGUA // La filosofía en el mundo griego // Los primeros filósofos // Tales de Mileto // Anaximandro de Mileto//Anaxímenes de Mileto // Heráclito de Éfeso // Pitágoras y el pitagorismo// Parménides y la escuela de Elea // Empédocles de Agrigento //Anaxágoras de Clazomene // Demócrito de Abdera // Los sofistas //Sócrates // Platón // Aristóteles // Estoicismo //Epicureísmo//Pirronismo // La Academia y el Liceo // La ciencia helenística // La filosofía en la época romana // Eclecticismo //Neoplatonismo // La Patrística // Agustín de Hipona //


[Autoría del texto principal: César Tejedor Campomanes, en Historia de la Filosofía en su marco cultural, Madrid, SM, 1993, pp. 34-37. Se han hecho pequeñas modificaciones ajenas al autor]

(en construcción)


Los sofistas (1) (apuntes en PDF)

Protágoras de Abdera (apuntes en PDF)

Gorgias de Leontinos (apuntes en PDF)

Pródico de Ceos (apuntes en PDF)


Desde las colonias griegas (donde surgió, como hemos dicho en anteriores vídeos/páginas), la filosofía se traslada a Atenas. Ya el filósofo Anaxágoras de Clazomene se había establecido allí durante el gobierno de Pericles (495-429 a. C.). Pero son los llamados “sofistas” y Sócrates los filósofos que representan verdaderamente las preocupaciones e intereses de la democracia ateniense. Por otro lado, y algo después, con la fundación de la Academia por el famoso filósofo Platón, Atenas se convierte, definitivamente, en la capital de la filosofía.

LOS SOFISTAS

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 7

Érase una vez… el hombre – El siglo de Pericles

Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso, Libros I-II, introducción general de Julio Calonge Ruiz, traducción de Juan José Torres Esbarranch, Editorial Gredos, Madrid, 1990, Introducción, p. 20

  1. LA NUEVA SITUACIÓN

Para entender este momento histórico, hemos de situarnos en la nueva situación: con el triunfo de la forma de gobierno que llamamos democracia, el esplendor económico y cultural, y la preponderancia política en Grecia -que no tiene más rival que la conservadora y guerrera Esparta-, se crea en Atenas una situación inédita que plantea nuevos problemas.

Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso, Libros I-II, introducción general de Julio Calonge Ruiz, traducción de Juan José Torres Esbarranch, Editorial Gredos, Madrid, 1990, Discurso fúnebre de Pericles, p. 450

Estos nuevos problemas se encuentran íntimamente relacionados con las grandes ideas de la Atenas democrática: la democracia (igualdad política, igualdad social y gobierno del pueblo), la libertad (libertad personal -respecto a toda sujeción a otras personas o grupos- mediante la ley, pero sujeción a la ley) y la ley.

Jean Touchard, Historia de las ideas políticas, traducción de J. Pradera, Editorial Tecnos, Madrid, 2006, p. 29

Jean Touchard, Historia de las ideas políticas, traducción de J. Pradera, Editorial Tecnos, Madrid, 2006, p. 30

La ley -único soberano permanente, puesto que las magistraturas son dispersas, efímeras e incluso se sortean– centrará la mayor parte de las discusiones. En la época anterior se consideraban las “leyes no escritas” (thesmoí θεσμοί) como de origen divino, frente a las nómoi (νόμοι), leyes humanas, escritas, con fecha y firma.

Jean Touchard, Historia de las ideas políticas, traducción de J. Pradera, Editorial Tecnos, Madrid, 2006, p. 34

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 33

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José M. Pabón, Diccionario Manual Griego. Griego clásico-Español, Vox – Lenguas Clásicas, Madrid, 1967.

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José M. Pabón, Diccionario Manual Griego. Griego clásico-Español, Vox – Lenguas Clásicas, Madrid, 1967.

Ahora, el valor de la ley -fundamento de la democracia y única barrera frente al individualismo y el afán de poder- será discutido y examinado a fondo. Algunos sofistas considerarán las leyes (nómoi) como puramente convencionales y carentes de valor absoluto (cada pueblo tiene leyes y usos diversos), contraponiéndolas al carácter universal y permanente de la naturaleza (physis)Esta contraposición entre la ley (considerada como una creación convencional, arbitraria y provisional) y la naturaleza (permanente y común o universal), se convierte en el tema del momento. 

Bernardo Bayona Aznar, “El convencionalismo político de Protágoras”, en Polis: revista de ideas y formas políticas de la Antigüedad, Nº 11, 1999, págs. 53-83

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 35-37

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 28

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 64

Las investigaciones cosmológicas de los primeros filósofos han pasado, en gran parte, de moda. La contraposición se hace entre: ley y exigencias o necesidades de la naturaleza. Además, la discusión incluirá no sólo la ley civil, sino también la ley moral.

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 65

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 43

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 44

Por otro lado, el concepto de naturaleza (humana) que se utiliza no está aún bien definido.

Werner Jaeger, Paideia: los ideales de la cultura griega, trad. de Joaquín Xirau y Wenceslao Roces, FCE, Madrid, 2000, p. 280

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 16

 Denker des Abendlandes: Die Sophisten, 10.03.2017 | 30 Min. | Quelle: Bayerischer Rundfunk 2006 : “Der Mensch ist das Mass aller Dinge” (4:28)

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 8

2. LOS LLAMADOS “SOFISTAS”

En el hervidero de ideas y polémicas que era Atenas, aparecen los sofistas, la mayoría extranjeros, enormemente cultos y conocedores -a través de sus numerosos viajes- de las diversas formas de pensar y vivir de los demás griegos.

Aportan nuevas ideas, que serán acogidas con entusiasmo por los jóvenes y encontrarán la oposición de los que mantienen la visión más tradicional. Su influencia será grande.

[… y se aprecia incluso en autores como Eurípides (484-406 a. C.), Heródoto de Halicarnaso (484-425 a. C.) y Tucídides (460-396 a. C.). La reacción está representada por Sófocles (496-406 a. C.) -fiel a la religiosidad popular- o Aristófanes (444-385 a. C.) (cfr. Las nubes)].

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Sambucus, Joannes: Emblemata (1564). “Fidípides y Estrepsíades discuten ante Sócrates, que está en un cesto colgante” (Wikipedia).

descarga-1La palabra “sofista” (σοφιστής, sophistés) fue, al principio, un sinónimo de “sabio” (sophós), y Heródoto de Halicarnaso (484-425 a. C), por ejemplo, la emplea para referirse a Solón y a Pitágoras. Sólo más tarde adquiriría el significado peyorativo de hábil engañador (ya en los diálogos de Platón). Ello muestra hasta qué punto su personalidad pudo aparecer como ambigua y encontró serias oposiciones.

En la actualidad, los sofistas han encontrado una mejor comprensión y estima: de hecho fueron los creadores en Atenas de un movimiento de difusión cultural que ha merecido el nombre de “Ilustración griega“.

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 10

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 8

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Tomás Calvo, De los sofistas a Platón: política y pensamiento, Editorial Cincel, Madrid, 1989, p. 69

Al ser extranjeros en Atenas (“metecos”), los sofistas no podían intervenir directamente en la política de la ciudad. Sin embargo, ellos formaban a la mayoría de los políticos atenienses. Además, y como consecuencia de sus numerosos viajes, defendieron el ideal del panhelenismo: la unidad de todos los griegos -representada por su común lengua-, que debía obligar a mantener la paz y solventar las diferencias por medios distintos de la guerra.

 Pensée critique – Les Sophistes. Source : MOOC “Pensée critique” de l’Université Libre de Bruxelles (ULB)

Su actividad fue muy grande. En primer lugar, fueron educadores -a sueldo- de la juventud, creando un modelo renovado de enseñanza, más amplia y más al día.

Tomás Calvo, De los sofistas a Platón: política y pensamiento, Editorial Cincel, Madrid, 1989, p. 70

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 10

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 12

Daban especial importancia a la oratoria (el arte de hablar con elocuencia) y la erística (el arte de discutir), enseñando a convencer en la Asamblea pública y a ganar pleitos en los tribunales (donde todavía no había abogados y cada uno debía defenderse por sí mismo).

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 28

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 11

“Así muere un filósofo” (temporada 2) – https://tapas.io/episode/1138442 (en Facebook: https://www.facebook.com/AsiMuereUnFilosofo/)

Alasdair MacIntyre, Historia de la ética, traducción de Roberto Juan Walton, ediciones Paidos, Barcelona, 1982, p. 24

José M. Pabón, Diccionario Manual Griego. Griego clásico-Español, Vox – Lenguas Clásicas, Madrid, 1967. (Alfabeto griego AQUÍ)

Fueron grandes oradores: sus notables discursos -Aristófanes llegó a quejarse de que los atenienses preferían escucharles a acudir al teatro- fueron el medio empleado para difundir sus ideas entre los adultos. Y también fueron escritores, aunque sus obras se han perdido y solo nos quedan escasos fragmentos de las mismas.

José Solana Dueso, Sofistas, “Sofistas”, en Carlos García Gual (ed.), Historia de la filosofía antigua, Editorial Trotta, Madrid, 1997, pp. 89-112, p. 90

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 54

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 47-48

Los sofistas no formaron “escuela”, ni defendieron una doctrina común. Pero sí podemos encontrar ciertas coincidencias entre ellos:

  • Representaron un notable giro filosófico: como consecuencia de las nuevas necesidades planteadas por la democracia y cierto cansancio provocado por las cada vez más sutiles y rebuscadas discusiones sobre la physis de la época anterior, los sofistas se centraron en el hombre (aunque sin abandonar las cuestiones naturales: Gorgias, por ejemplo, se ocupó de la naturaleza del color). Pero su filosofía no fue especulativa sino práctica: se dedicaron a lo que hoy llamamos “humanidades” (política, religión, lingüística, sociología…) y a la moral.

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 190-191

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 19

  • En general adoptaron una actitud relativista e incluso escéptica: el hecho de que dejaran de lado la investigación sobre la naturaleza (la physis) demuestra en parte esta afirmación… ¿para qué seguir discutiendo acerca de tales cuestiones si jamás llegaremos a alcanzar la verdad? También en los problemas antropológicos y sociales se muestran relativistas: en sus numerosos viajes habían podido comprobar que no hay dos pueblos que tengan las mismas leyes ni las mismas costumbres.

Bernardo Bayona Aznar, “El convencionalismo político de Protágoras”, en Polis: revista de ideas y formas políticas de la Antigüedad, Nº 11, 1999, págs. 53-83

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 59

 /C Tangana: “todo lo he conseguido por mi boquita” (El Bloque 03 – C. Tangana ft. Capullo de Jerez, Damed Squad, Jedet, Brat Star, Yung Beef, Alizzz, publicado el 29 jun. 2018)

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 60

  • Los sofistas no son pensadores sistemáticos, ni tampoco buscan principios universales con los que operar a partir de ellos deductivamente (como, por ejemplo, hace el filósofo Parménides). Su modo de proceder es, más bien, inductivamente: acumulan datos e informaciones, y de ellos extraen conclusiones de orden práctico. Lo propio del sofista es el saber universal (πολυμαθία / polymathía): cada sofista es como una enciclopedia, una Wikipedia de la época, oral.

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 14

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 55

  • Los sofistas, como se ve, tuvieron un muy importante significado en Atenas: pusieron en tela de juicio la ciudad (la pólis) tradicional, llevando a cabo una aguda labor de crítica y de impulso de nuevas ideas. Pero estas mismas ideas, unidas a los instrumentos que los sofistas enseñaban (la oratoria y el arte de la discusión), se prestaban a ser manipuladas por los espíritus más ambiciosos e individualistas de la época. Por eso, es comprensible que la figura del sofista nos haya llegado hasta nuestros días revestida de una gran dosis de ambigüedad.

Tomás Calvo, De los sofistas a Platón: política y pensamiento, Editorial Cincel, Madrid, 1989, p. 73

Protágoras de Abdera

“Vida rumbera de Protagoras de Abdera”, Los Archai

Protágoras de Abdera (485-411 a. C.) era, como dice la canción, natural de Abdera (la misma patria que Demócrito), pero viajó con frecuencia a Atenas, donde trabó amistad con Pericles.

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 258

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 81

Protágoras, un extranjero, se labró en Atenas una reputación como pensador político y moral sin apoyar a ningún partido, sin intentar reformas políticas ni buscar el poder para sí mismo, sino simplemente dando conferencias y hablando, y ofreciéndose como consejero y educador profesional para hacer mejores a los demás, ayudarles a alcanzar el éxito tanto es sus carreras profesionales como políticas. El objetivo de su enseñanza era, sobre todo, práctico: conforme a las necesidades del momento, se basaba en el arte del discurso persuasivo, ejercitando a sus alumnos para argüir a favor de las dos caras de un mismo caso y aportando ejemplos para demostrar su tesis de que existen argumentos contrarios en cada cuestión. Esta opinión suya se apoyaba en la idea de que no existe la falsedad: nadie puede decirle a otro que se equivoca, pues cada persona es el único juez de sus propias sensaciones y creencias, que son verdaderas para esa persona en la medida en que le parecen así. No existen, pues, verdades absolutas o universales, sino relativas: las cosas son tal y como son percibidas por cada uno. Protágoras sustituye el criterio de verdad o falsedad por el de ventaja o desventaja*.

*(Minuto 35:47 de la clase del profesor Quintín Racionero que se encuentra más abajo)

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 261

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 261

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 262

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 104-106

Su fama en Atenas fue muy grande, pero tuvo que escapar a Sicilia (murió, al parecer, en un naufragio de camino) al ser acusado de ateísmo y blasfemia: en su libro Acerca de los dioses afirmaba que “no es posible saber si existen, ni cuál es su forma ni su naturaleza. Porque hay muchos obstáculos para esta investigación: la oscuridad del problema y la brevedad de la vida”. Su postura, pues, era más bien agnóstica (actitud filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino), y no atea (negadora de la existencia de cualquier dios). Pero Protágoras criticó, además, las costumbres y ritos religiosos, por lo que debió de ser considerado peligroso por ese motivo.

Luis Gil, Censura en el mundo antiguo, Alianza Editorial, Madrid, 2007, p. 73

José Solana Dueso, El camino del ágora: filosofía política de Protágoras de Abdera, Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 2000, p. 163

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 42-43

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 120-121

Domingo Plácido Suárez, “La condena de Protágoras en la historia de Atenas”, en Gerión. Revista de Historia Antigua, n. 6, 1988, Editorial de la Universidad Complutense de Madrid

Diógenes Laercio, IX 50 y ss. (en Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 81)

Filóstrato, Vida de los sofistas I, 10, 1 y ss. (en Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 91)

Filóstrato, Vida de los sofistas, traducción de María Concepción Giner Soria, Editorial Gredos, Madrid, 1999, Libro I, 10, p. 85

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 92

La doctrina más conocida de Protágoras es esa que afirma que “el hombre es la medida de todas las cosas; de las que son, en cuanto que son, y de las que no son, en cuanto que no son” (fragmento 1). El significado de estas palabras ha sido muy discutido (ya desde Platón, en su diálogo Protágoras).

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 116-117

Bernardo Bayona Aznar, “El convencionalismo político de Protágoras”, en Polis: revista de ideas y formas políticas de la Antigüedad, Nº 11, 1999, págs. 53-83

La interpretación de este fragmento sigue siendo discutida pero, tal vez, puede indicar que Protágoras defendió, como hemos señalado más arriba, un cierto tipo de relativismo de las cualidades sensibles y de los valores morales. Los primeros filósofos, en efecto, consideraron que cualidades como frío, calor, húmedo y seco eran “cosas” (chrémata). Una interpretación posible de todo esto es que Protágoras entendiera que existe una realidad externa a nosotros, la cual tiene cualidades diversas que son percibidas por los sujetos en forma y grado desigual.

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 117

Lorena Rojas Parma, “Protágoras y el significado de aisthesis”, en Rev. filos. vol.71 Santiago, nov. 2015, pp. 143-144

Aristóteles, Metafísica, introducción, traducción y notas de Tomás Calvo Martínez, Editorial Gredos, Madrid, 1998, p. 440 (Libro XI, Capítulo 6, 1062b 10-20)

F. M. Cornford, Principium sapientiae. Los orígenes del pensamiento filosófico griego, traducción de Rafael Guardiola Iranzo y Francisco Giménez Gracia, Visor, Madrid, 1987, p. 196

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega II. La tradición presocrática desde Parménides a Demócrito, versión española de Alberto Medina González, Editorial Gredos, Madrid, 1993, pp. 294-295

Lorena Rojas Parma, “Protágoras y el significado de aisthesis”, en Rev. filos. vol.71 Santiago, nov. 2015, p. 131

Lorena Rojas Parma, “Protágoras y el significado de aisthesis”, en Rev. filos. vol.71 Santiago, nov. 2015, pp. 133-134

Lorena Rojas Parma, “Protágoras y el significado de aisthesis”, en Rev. filos. vol.71 Santiago, nov. 2015, p. 148

Asimismo, tal vez Protágoras entendiera aquí “hombre” en sentido colectivo, por lo que su relativismo podría considerarse como un relativismo “cultural”: cada pueblo posee costumbres y leyes diversas, y considera que son las mejores. La ley, por tanto, no es algo basado en la naturaleza, sino “invención” de los legisladores. La ley, el nómos, existe, por lo tanto, por convención (acuerdo, pacto) y no por naturaleza. Y, justamente por eso, es siempre modificable.

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 103

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 103

Alberto Bernabé, Fragmentos presocráticos. De Tales a Demócrito, Alianza Editorial, Madrid, 2008, p. 246

Anaxágoras de Clazómenas, “Introducción”, en Néstor Luis Cordero, Francisco José Olivieri, Ernesto La Croce y Conrado Eggers Lan, Los filósofos presocráticos II, Editorial Gredos, Madrid, 1994

Anaxágoras de Clazómenas, “Fragmentos probablemente auténticos”, en Néstor Luis Cordero, Francisco José Olivieri, Ernesto La Croce y Conrado Eggers Lan, Los filósofos presocráticos II, Editorial Gredos, Madrid, 1994

Hermann Diels, Die Fragmente der Vorsokratiker, Erster Band, Weidmannsche Buchhandlung, Berlin, 1906, p. 313

Hermann Diels, Die Fragmente der Vorsokratiker, Erster Band, Weidmannsche Buchhandlung, Berlin, 1906, p. 314-317

Anaxágoras de Clazómenas, “Fragmentos probablemente auténticos”, en Néstor Luis Cordero, Francisco José Olivieri, Ernesto La Croce y Conrado Eggers Lan, Los filósofos presocráticos II, Editorial Gredos, Madrid, 1994

Pero la consecuencia que extrae Protágoras de esta doctrina no es que cualquiera puede contravenir la ley, sino todo lo contrario: puesto que cualquier otra ley sería también convencional, lo mejor es mantener, en la medida de lo posible, las leyes que ya se tienen. Protágoras, según Guthrie, fue el primero en formular la teoría sobre el origen de las leyes que nosotros conocemos ahora con la denominación de “contrato social”: en el famoso “mito de Prometeo” que aparece en el diálogo de Platón dedicado a este sofista, Protágoras defiende el valor de la cultura como aquello que diferencia al hombre del animal (solo gracias a ella podemos subsistir, siendo, como somos, animales desvalidos); pero, además, el ser humano necesita el sentido de la justicia y la virtud políticas (que Hermes, en nombre de Zeus, entrega a los hombres), sin las cuales la estabilidad en la ciudad sería imposible.

Bernardo Bayona Aznar, “El convencionalismo político de Protágoras”, en Polis: revista de ideas y formas políticas de la Antigüedad, Nº 11, 1999, págs. 53-83

Bernardo Bayona Aznar, “El convencionalismo político de Protágoras”, en Polis: revista de ideas y formas políticas de la Antigüedad, Nº 11, 1999, p. 72

Platón, Diálogos I, Protágoras (320d-322d), traducción, introducción y notas por Carlos García Gual, Editorial Gredos, Madrid, 1997, pp. 524-527

W. K. C. Guthrie, Los filósofos griegos, traducción de Florentino M. Torner, FCE, México, 2005, pp. 82-83

Gorgias de Leontinos (485-380 a. C.)

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 263

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, pp. 264-265

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, pp. 266-267

Nacido en Leontinos (Sicilia), Gorgias abandonó pronto la filosofía (pudo ser discípulo de Empédocles) para dedicarse fundamentalmente a la oratoria, lo cual sería característico de la sofística siciliana.

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 150-151

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 143

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 143

Tal vez para defender a su maestro Empédocles de los ataques del eléata Zenón, escribió un tratado Acerca de la naturaleza o del no-ente, en el que se afirma, en resumen, lo siguiente:

Primero: que nada existe; segundo, que si existiera algo, no podría ser conocido; y tercero, que si pudiera ser conocido, no podría ser comunicado ni explicado a los demás. ¿Nihilismo absoluto de Gorgias?

Quizá Gorgias pretendiese retorcer y llevar al absurdo la filosofía de la Escuela de Elea: así, con gran ingenio, intenta Gorgias demostrar la no coincidencia entre el ser, el pensar y la palabra, destruyendo, así, el principio fundamental del eleatismo (a saber: la unidad entre el ser y el pensar).

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 175

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 176-177

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 178-179

[GUTHRIE: W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, pp. 194-199] (texto modificado):

Sexto Empírico (160-210), de quien nos llega esta versión del texto de Gorgias, clasifica al sofista entre los que eliminaron el criterio, norma o patrón según el cual pueden formarse los juicios, pero añade que no lo hizo desde el mismo punto de vista que Protágoras.

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W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 196

[COPLESTON: Frederick Copleston, Historia de la filosofía, 1: Grecia y Roma, traducción de Juan Manuel García de la Mora, Ariel, Barcelona, 1994, p. 106] (texto modificado):

Gorgias reaccionó contra el discurso de Parménides y de los eléatas de un modo algo distinto a como lo hizo Protágoras: pues mientras que puede decirse que para Protágoras “todo es verdad” (no existe la falsedad), Gorgias sostuvo precisamente lo contrario: nada existe, nada es.

Frederick Copleston, Historia de la filosofía, 1: Grecia y Roma, traducción de Juan Manuel García de la Mora, Ariel, Barcelona, 1994, p. 106

[GUTHRIE, ibíd.]: Aunque en sus conclusiones generales, puede decirse que tanto Protágoras como Gorgias opinaron, al igual que el movimiento sofístico en general, que no existe un “criterio”: ni tú ni yo podemos, comparando y discutiendo nuestras experiencias, corregirlas y alcanzar el conocimiento de una realidad más esencial que otra, porque no existe semejante realidad estable para ser conocida. Igualmente en moral, no existen normas o principios generales, y la única regla posible es actuar como en cada momento parezca más conveniente.

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 196

Con respecto a los argumentos que exhibe Gorgias en su libro Sobre la naturaleza o el no-ser, se ha escrito mucho acerca de si se trata de uno broma o una parodia, o si más bien es una contribución seria a la filosofía (GUTHRIE, p. 194).

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 194

Cuesta suponer que Gorgias sostuviese del todo en serio lo de que “nada existe” (COPLESTON, p. 106).

Frederick Copleston, Historia de la filosofía, 1: Grecia y Roma, traducción de Juan Manuel García de la Mora, Ariel, Barcelona, 1994, p. 106

El nombre Sobre la naturaleza se había dado a las obras de la mayor parte de los filósofos naturales presocráticos (GUTHRIE, p. 194). Al decir que “nada existe”, Gorgias estaba negando la hipótesis que subyacía a todos sus sistemas, esto es, que detrás del movedizo panorama del devenir, del cambio constante y de las apariencias, existía una substancia o varias substancias, una physis de las cosas (ver vídeo “Los primeros filósofos“), desde el ápeiron de Anaximandro hasta el aire de Anaxímenes, las cuatro “raíces” de Empédocles y los átomos de Demócrito. Tales permanentes “naturalezas” serían abolidas en las tesis de Gorgias. Pero la forma de sus argumentos muestra que su ironía iba dirigida especialmente a Parménides y sus seguidores, para demostrar que sobre la base de su propio razonamiento, tan fácil era probar una cosa como su contraria.

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 195

[COPLESTON, p. 107]. Así, pudiera ser que Gorgias hubiese optado por usar el razonamiento parmenídeo para reducirlo al absurdo y, después, renunciar a la filosofía y dedicarse a la retórica, la maestría en el arte de persuadir… lo que le llevó a un estudio práctico de la psicología.

Frederick Copleston, Historia de la filosofía, 1: Grecia y Roma, traducción de Juan Manuel García de la Mora, Ariel, Barcelona, 1994, p. 107

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 144-145

De cualquier manera, es probable que Gorgias renunciase al conocimiento objetivo de la realidad y dijera adiós a la filosofía, dedicándose a la oratoria, en la que destacó de modo extraordinario, también como maestro y teórico de la misma.

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 173

Tuvo una vida extraordinariamente larga: todas las fuentes coinciden en que llegó a una edad avanzada, entre 105 y 109 años.

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 160-163

Para Gorgias, según puede leerse en su Encomio de Helenala palabra (el lógos) “es un poderoso soberano que, con un cuerpo pequeñísimo y completamente invisible, lleva a cabo obras sumamente divinas. Puede, por ejemplo, acabar con el miedo, desterrar la aflicción, producir alegría o intensificar la compasión (…). A quienes escuchan poesía suele invadirles un escalofrío de terror, una compasión desbordante de lágrimas, una aflicción por amor a los dolientes; con ocasión de venturas y desventuras de acciones y personas extrañas, el alma experimenta, por medio de las palabras, una experiencia propia”. “Los encantamientos inspirados, gracias a las palabras, aportan placer y apartan el dolor. Al confundirse el poder del encantamiento con la opinión del alma, la seduce, persuade y transforma mediante la fascinación”. “¡Cuántos persuadieron -y aún siguen persuadiendo- a tantos y sobre tantas cuestiones, con sólo modelar un discurso falso! Si todos tuvieran recuerdo de todos los acontecimientos pasados, conocimiento de los presentes y previsión de los futuros, la palabra, aún siendo igual, no podría engañar de igual modo. Lo cierto es, por el contrario, que no resulta fácil recordar el pasado ni analizar el presente ni adivinar el futuro. De forma que, en la mayoría de las cuestiones, los más tienen a la [(mera)] opinión como consejera del alma. Pero la opinión, que es insegura y está falta de fundamento, envuelve a quienes de ella se sirven en una red de fracasos inseguros y faltos de fundamento (…) La palabra que persuade al alma obliga, precisamente a este alma a la que persuade, a dejarse convencer por lo que se dice y a aprobar lo que se hace”.

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, pp. 192-193

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, pp. 58-60

 “White House defends border policy amid outrage over separation of parents, children”, Global News (18 jun. 2018)

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 204-207

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 200-201

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 202-203

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 204-205

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 206-207

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 208-209

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 210-211

Partiendo de un cierto relativismo ético, Gorgias considerará que la seducción, la ilusión provocada y el engaño están justificados en la oratoria y en el teatro: el orador y el actor han de ser maestros de seducción.

Wladyslaw Tatarkiewicz, Historia de la estética I, La estética antigua, traducción del polaco de Danuta Kurzyca, Akal, Madrid, 1987, pp. 270-271

En el diálogo platónico titulado Gorgias, dialoga el sofista con el filósofo Sócrates. En un momento de la conversación, Sócrates dice: “Por la admiración que me produce, Gorgias, hace tiempo que vengo preguntándote cuál es, en realidad, el poder de la retórica (…)”. A lo que Gorgias responde: “si un médico y un orador van a cualquier ciudad y se entabla un debate en la asamblea (…) sobre cuál de los dos ha de ser elegido como médico, yo te aseguro que no se hará ningún caso del médico, y que, si él lo quiere, será elegido el orador (…). No hay materia sobre la que no pueda hablar ante la multitud con más persuasión que otro alguno, cualquiera que sea la profesión de éste”. Tal es la potencia de la retórica y hasta tal punto alcanza: “no obstante, es preciso utilizar la retórica del mismo modo que los demás medios de combate. Por el hecho de haberlos aprendido, no se deben usar contra todo el mundo indistintamente”.

Platón, Gorgias, 456a y ss, en Platón, Diálogos II, Gorgias, Menéxeno, Eutidemo, Menón, Crátilo, Editorial Gredos, Madrid, pp. 38-39

Angel Sáiz Sáez, Platon, tres dialogos sobre retorica – Comunicacion, UNAM, México, 2003, p.61

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 170

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 198

Pródico de Ceos (465-395 a. C.)

Carlos A. Lavarreda, La filosofía presocrática, Editorial Óscar de León Palacios, Guatemala, 2004, pp. 261-263

Frederick Copleston, Historia de la filosofía, 1: Grecia y Roma, traducción de Juan Manuel García de la Mora, Ariel, Barcelona, 1994, pp. 104-105

Pródico, nacido en la isla de Ceos, se hizo conocido por su actitud pesimista ante la vida: una muerte temprana es un regalo de los dioses. Al menos, así lo caracteriza Platón en uno de sus diálogos apócrifos, el Axíoco: toda la vida del ser humano es una serie de males sin fin; la miseria y la tristeza atribulan al ser humano desde su infancia hasta la vejez; de hecho, los dioses arrebatan muy pronto la vida a aquellos que aman de verdad. Además, como habría dicho el sofista de Ceos, nadie, ni siquiera los políticos, que se dedican a los asuntos de la ciudad, está contento con su suerte…

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 237-238

Der Anfang des Axiochos: Paris, Bibliothèque Nationale (Wikipedia)

Platón, Axíoco, trad. por Pilar Gómez Cardó, 366b y ss, en Platón, Diálogos VII, Dudosos, apócrifos, cartas, Editorial Gredos, Madrid, pp. 409 y ss.

Es famosa su reinterpretación en clave sofística del célebre mito que representa a Hércules ante la bifurcación de senderos, teniendo que elegir entre la virtud y el vicio. En dicha reinterpretación de la virtud, ésta aparece como el medio más idóneo para obtener la verdadera ventaja y la verdadera utilidad.

Victoria Camps (ed.), Historia de la ética, “Los sofistas y Sócrates” (Carlos García Gual), Crítica, Barcelona, 2006, p. 58

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 253-254

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 255-256

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 257-258


Miguel Ángel Elvira Barba, Arte y mito: manual de iconografía clásica, Editorial Sílez, Madrid, 2008, p. 365

Annibale Carracci, “Hércules en la encrucijada” (Scelta di Ercole), 1596


Expuso una teoría psicológica acerca del origen de la religión: los hombres primitivos veneraron aquello de que dependían sus vidas: el sol, el agua, el fuego…; pero cuando comenzaron a desarrollar las técnicas, pasaron a adorar a los inventores de las mismas: el inventor del vino (Dioniso) o de las técnicas del fuego.

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 239

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, pp. 234-236

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 272

Giovanni Reale, Dario Antiseri, Historia de la filosofía, traducción de Jorge Gómez, Volumen 1, Editorial San Pablo, 2007, p. 126

“Pródico”, en José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, Tomo III (K-P), Editorial Ariel, Barcelona, 2001, pp. 2922-2923.

Hipias de Elis

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 296

Programa “Collage” del Canal Une (6:25) – “Debo concentrarme muy bien…”

Hipias de Elis fue contemporáneo de Protágoras (aunque más joven que éste) y se le celebró, sobre todo, por lo inmenso de su saber: entendía en matemáticas, astronomía, gramática y retórica, rítmica y armonía, historia, literatura, mitología… Era, en suma, un verdadero polymathés (πολυμαθής). Y no solo esto, sino que se presentó en una olimpiada presumiendo de haberse confeccionado él mismo todo su atuendo.

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 275

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 303-304

José M. Pabón, Diccionario Manual Griego. Griego clásico-Español, Vox – Lenguas Clásicas, Madrid, 1967, p. 490

Victoria Camps (ed.), Historia de la ética, “Los sofistas y Sócrates” (Carlos García Gual), Crítica, Barcelona, 2006, p. 59

Frederick Copleston, Historia de la filosofía, 1: Grecia y Roma, traducción de Juan Manuel García de la Mora, Ariel, Barcelona, 1994, p. 105

En el Protágoras, Platón hace decir a Hipias que “la ley, tirana de los hombres, les fuerza a éstos a realizar muchísimas cosas contrarias a la naturaleza”. El sentido de tal frase puede ser que la ley de la ciudad-estado es, a menudo, estrecha y tiránica, y contraria a las leyes naturales. Junto con la creencia en leyes universales y naturales iba la creencia en la unidad fundamental de la especie humana, cuyas divisiones eran sólo cuestión de nómos, esto es, de ley positiva y de convenciones o hábitos establecidos, pero equivocados.

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 277

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 324

Tras morir Pericles (495-429 a. C.), las discusiones acerca de la ley y el derecho se intensificaron notablemente. Algunos defendieron la doctrina del derecho natural del más fuerte.

Según Calicles -que aparece como personaje en un diálogo de Platón-, por ejemplo, la ley ha sido dada por los débiles; pero la naturaleza -tanto en los animales como en los hombres- hace que los fuertes dominen sobre los débiles: esto es lo justo.

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 108

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 104

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 33

Y según Trasímaco (como nos lo muestra Platón en la República), la justicia consiste en “el beneficio del más fuerte”.

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 288

Victoria Camps (ed.), Historia de la ética, “Los sofistas y Sócrates” (Carlos García Gual), Crítica, Barcelona, 2006, p. 60

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, pp. 286-289

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 268

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 282-285

Otros, por el contrario, defendieron el derecho natural del débil. Así, Licofrón declaró la igualdad natural de todos los hombres, considerando la aristocracia de nacimiento como algo injustificable.

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 233-236

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, p. 235

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 157

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 303

Alcidamante, alumno de Gorgias, afirmó que “la naturaleza no ha hecho a nadie esclavo”.

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, pp. 162-163

W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega III. Siglo V. Ilustración, versión española de Joaquín Rodríguez Feo, Editorial Gredos, Madrid, 1991, p. 302

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 358-359

Y hay indicios de que se inició -quizá alentado por Aspasia, la mujer de Pericles- un movimiento de emancipación cultural y política de la mujer (tal como queda recogido en las comedias de Aristófanes Lisístrata y Las Asambleístas).

Núria Solsona Pairó, “Dos o tres cosas sobre la historia de las científicas”, en: Eulalia Pérez Sedeño y Paloma Alcalá Cortijo (Coord.), Ciencia y género, Editorial Complutense, Madrid, 2001, p. 187

Aristófanes, La asamblea de las mujeres, en Comedias III, traducción de Luis M. Macía Aparicio, Editorial Gredos, Madrid, 2007, pp. 333-334

Aristófanes, La asamblea de las mujeres, en Comedias III, traducción de Luis M. Macía Aparicio, Editorial Gredos, Madrid, 2007, pp. 319-324

Por último, podemos mencionar a Critias, que no fue un sofista en el sentido más estricto del término, ya que no era un maestro itinerante ni cobraba sus lecciones. Fue discípulo de Sócrates y pariente de Platón (Critias era primo de su madre). Formó parte del gobierno de los Treinta Tiranos que impuso Esparta a Atenas tras la batalla de Egospótamos (que supuso el final de la Guerra del Peloponeso). Tirano nato y enemigo acérrimo de la democracia, llevó a la práctica la doctrina del derecho del más fuerte.

Victoria Camps (ed.), Historia de la ética, “Los sofistas y Sócrates” (Carlos García Gual), Crítica, Barcelona, 2006, pp. 63-66

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 395-397

Por otro lado, expuso una teoría acerca del origen de la religión como “invento de un hombre astuto y prudente” para someter a los hombres a las leyes por medio del temor.

[Mirar el minuto 15:00 del primer capítulo de la primera temporada de la serie de Matt Groening “Disenchantment”, cuando habla sobre la religión]

Antonio Melero Bellido, Sofistas, Testimonios Y Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, 1996, pp. 428-431

Giovanni Reale, Dario Antiseri, Historia de la filosofía, traducción de Jorge Gómez, Volumen 1, Editorial San Pablo, 2007, p. 132

 COSTA feat. BEBE – FICCIÓN – prod. MYGAL X (OFFICIAL MUSIC VIDEO)

 Natos y Waor – UNDERGROUND KINGS (Videoclip Oficial) [Cicatrices]

 Clase del profesor Quintín Racionero en el curso “Historia de la Filosofía Antigua y Medieval”. Sesión sobre los sofistas. 2010. //

(6:05) – “Un movimiento que choca con la filosofía, hace explícito ese choque, y propone una solución distinta, un modelo diferente para la paideia civil: esto es lo que se llama la sofística” // (6:48) – “Los sofistas, lo que van a impugnar es la posición ontológica de la física tal como esta es prolongada por los filósofos post-parmenídeos: el debate está entre los sofistas y la posición ontológica de los post-parmenídeos [(Anaxágoras y Demócrito)]” // (7:50) – “Así que, como veis, este debate, que es apasionante, en el que se nos juega buena parte de la identidad de nuestra cultura, es un debate complejo: no es verdad que la sofística luche, así, sin más, contra la filosofía; no es verdad que Platón represente bien cuál es la posición sofística. Ninguna de estas cosas son ciertas” // (10:25) – “Primer dato que me interesa señalar: la sofística no es un movimiento homogéneo. Esto es una distorsión de Platón. No hay movimiento que sean `los sofistas´ frente a los cuales resulte clara la posición de `los filósofos´. Esto es un invento platónico. Cuando uno estudia los llamados `sofistas´, se da cuenta de que hay una pluralidad de tendencias de ellos; que muchos han incorporado una discusión radical con Parménides mientras que otros, por el contrario, más o menos han sido tolerantes con Parménides y han tratado de llegar a fórmulas conciliadoras” // (14:01) – “Se piensa, sencillamente, de manera predominante, que el saber es un ajuste de cuentas entre los hombres; es decir: que es el resultado de un acuerdo, de un convenio, de un pacto, entre dos posiciones enfrentadas (…). Aquí el lógos ya no pertenece a alguien que no sea los hombres mismos (…). Y precisamente porque el lógos pertenece a los hombres (…), ni siquiera puede hablarse de unidad del λóγος: hay tantos logoi como hombres (…). La soberanía está repartida entre todos los individuos de una sociedad. Este es el punto de vista que inaugura la sofística” //

(16:40) – “Entre los sofistas hay quienes defienden el naturalismo, es decir, quienes defienden que el saber de los hombres no es incompatible con la existencia de leyes naturales (…); quienes, por el contrario, defienden el convencionalismo más estricto o, lo que es aún más notable, el derecho del más fuerte a gobernar sobre los más débiles. Es decir, que el mundo de la sofística es un mundo muy complejo. Pero su unidad está en una negación y en una afirmación. La negación es que la verdad tenga soberanía sobre el saber. Y la afirmación, por tanto, es que el saber no tiene que ver con la verdad; el saber tiene que ver con la probabilidad (eikós): [en esta época la probabilidad es un término completamente lingüístico que no tiene que ver con las matemáticas sino con el estado de opinión en el que se encuentran los más. Ese estado de opinión es variable]” //

(18:55) – “Si hay algo común a la sofística, que tiene muchas diferencias, es esto: la reivindicación de lo público, frente a la idea de una soberanía secuestrada por la verdad [(en el sentido de que queda asignada a una entidad que no son los hombres)]. El gesto sofístico es el de decir: la soberanía está en los hombres. Y como los hombres tienen opiniones diferentes, tendrá que ser en el acuerdo -en la convención- de las opiniones de los hombres. Y como no es posible pensar que todos los hombres van a estar de acuerdo en ese proceso deliberativo, [la soberanía está] en la opinión de los más (los endoxa, la opinión pública, los pareceres que conforman el discurso público predominante) (…). [los cuales son variables, cambiantes: el saber es un asunto cambiante. Cambia según los estados de opinión]” //

(28:21) – “La crítica de Platón a la sofística es que cuando de lo que se trata es de crear estados de opinión, entonces, para lograrlo, se tienen que introducir elementos que compulsan el deseo del auditorio; de manera que el orador se presta, de una parte, a hacerse eco del deseo del auditorio, y queda prisionero de él. Es la crítica del Gorgias (…). Lo que el orador tiene que hacer es conseguir la aquiescencia del auditorio. Pero para eso, de una parte parece claro que el orador más influyente es el que propondrá los estados de opinión, pero el fenómeno real es el contrario: esta es la crítica platónica. Es decir: que el orador más influyente será aquel que sepa prometer más, que sepa identificarse mejor con los deseos del auditorio. Por lo tanto, quedará siempre prisionero de una dialéctica interna que hace al orador, no responsable de una forma de saber, sino de una forma de sumisión respecto de su auditorio real o posible” //

(30:06) – “[Esta crítica es válida pero, al margen de la misma, hay que tener en cuenta que, para la sofística,] ciertamente, los deseos de una comunidad, su posición mayoritaria, es la que determina la única legitimidad discursiva; dicho a la manera como lo dice Protágoras: “el hombre es medida de la verdad”. Para esto, la crítica platónica es completamente inocua. Cuando un sofista recibiera la acusación siguiente: “usted cree que influye en el auditorio, pero es su posición la que está completamente subordinada a los deseos del auditorio”; el sofista siempre podría decir: “bueno, eso es verdad, estoy completamente de acuerdo con usted, porque la verdad es una cuestión de metron (μέτρον), de metron humano”. Y, por lo tanto, la medida de la verdad, si esta no es propia de una entidad que está fuera de los hombres, es, exactamente, la del deseo de la comunidad. Y este es un deseo que, además, crea comunidad. Es decir: que es un deseo constituyente. En la medida en que la retórica logre cambiar estados de opinión estará, con ello, construyendo comunidades diferentes. Y, por lo tanto, que el hombre sea “medida del saber” quiere decir que es, de suyo, ampliable, diferenciable, modificable, cambiable, de acuerdo con criterios que tendrán que ser definidos”.

(31:52) – “La sofística, como movimiento histórico, arrebata, pues, la soberanía a la verdad. Pero no para producir, sin más (como es la crítica platónica, que es falsa y mentirosa), un relativismo; sino, precisamente, para establecer el hecho primario y primordial, constituyente, de la comunidad humana, de la comunidad organizada, como verdadero depositario del saber. De manera que cuando Protágoras dice “el hombre es la medida de todas las cosas”, no se está refiriendo solamente al hombre individual en el sentido de que (…) para las percepciones sensibles uno mismo puede sentir calor o frío, dependiendo de cuál sea, por ejemplo, el medio ambiente (…); esto es verdad: el hombre [individual] es medida en el sentido de las percepciones sensibles (…). Pero este es el elemento más trivial del argumento: el verdadero argumento, su verdadera profundidad, es que el hombre es medida de todas las cosas en tanto en cuanto el hombre es constitutivamente miembro de una comunidad. Y, por lo tanto, son los estados de opinión de una comunidad y su capacidad para ser variados o cambiados, lo que forma el ámbito específico del saber”.

(35:47) “Protágoras señala que el saber es objeto de los antilogoi, es decir, del enfrentamiento de discursos. Y que este enfrentamiento de discursos es capaz de crear producciones del saber cuya legitimación viene dada por el hecho de que son mayoritariamente compartidos. El “mayoritariamente compartidos” expresa el momento de la provisionalidad: cuando dejen de ser mayoritariamente compartidos serán otros. Por lo tanto, “el hombre es medida de todas las cosas” en el sentido de que siempre hay una institución humana, una institucionalidad de las opiniones humanas, que expresa cuál es el momento del saber, el momento de la organización del saber. Y el punto de vista importante para Protágoras es señalar que para esa organización tiene que haber un criterio. Ese criterio no es el del metron, que finalmente dice que “más piensan así que de otra manera”; sino que es el del provecho (ὠφέλιμοςōphélimos). Cuando un estado de opinión es compartido por muchos, resulta provisionalmente estable porque hay un acuerdo en que eso es lo más conveniente. Y cuando lo que fracasa es la idea de la conveniencia, es decir, cuando muchos empiezan a pensar que es más conveniente otro estado de cosas, entonces se pasa a un estado de opinión diferente”.

José M. Pabón, Diccionario Manual Griego. Griego clásico-Español, Vox – Lenguas Clásicas, Madrid, 1967, p. 657

Los potros – “Que te haga buen provecho”: “Si te encontraste otro querer, que te haga buen provecho. Nomás acuérdate mujer de todo lo que has hecho. El que nunca ha sentido amor que diga que es muy pobre…”

(38:42) – Lo importante aquí es que Gorgias no propone ninguna cosa nueva respecto del punto de vista de Protágoras, más que en un sentido específico: y es el de señalar, además, cuáles son las causas de que se puedan establecer esos estados de opinión comunes (que es la opinión pública) y por qué razón la intervención sobre la opinión pública (que se basa en el criterio de utilidad, de provecho) termina siendo exitosa. Esto es un golpe maestro: Gorgias afirma que esto no tiene que ver con la verdad, sino con el arte, con la estética. ¿Por qué cambia la opinión pública, por qué reconoce más provechosa una cosa que otra? Porque somos capaces de presentarle algo más deseable. Y el valor de “deseable” tiene que ver con la musicalidad, tiene que ver con el carácter estético, tiene que ver con el hecho de que resulte más bello (…). Esto es lo que aterrorizará a Platón y, antes que a él, a Sócrates: el hecho de que el mundo se mueva por imaginarios del deseo, por musicalidad de las palabras, por la αἴσθησῐς (aísthesis), por la estética, por el cultivo de la sensibilidad. Si el saber no pertenece al ser [(Parménides)], entonces pertenece a la sensibilidad: esta es la posición de Gorgias. Si el saber no pertenece al ser y este, ya hemos visto, no es cognoscible, no es comunicable, no existe (…), entonces, lo que tenemos que proponer es máquinas más deseantes (?)”.

José M. Pabón, Diccionario Manual Griego. Griego clásico-Español, Vox – Lenguas Clásicas, Madrid, 1967, p. 17

(45:33) – “Lo más interesante de Hipias o de Antístenes es que son los primeros teóricos radicales del igualitarismo. Y fueron, desde luego, autores de la democracia radical. Por tanto, fueron perseguidos en el momento en el que las cosas empezaron a ponerse duras para ese radicalismo. Son los primeros que niegan (nótese que 60 años después Aristóteles va a defender todavía el esclavismo) el derecho del esclavismo. Además, son los primeros defensores de la igualdad de derechos de los hombres y de las mujeres. Y, lo que es más importante, de griegos y bárbaros. Si uno piensa en estos términos, se da cuenta de cómo es posible restaurar un esquema del saber de acuerdo con el metron humano (esto es lo que dicen los sofistas), siendo el metron humano no otra cosa que quedar en el contexto del pensar, del modo como organizaremos el pensar, de aquello que es una atribución específica del hombre: el ejercicio y administración de la racionalidad cuando esta no necesariamente se asimila a una realidad misteriosa como es la del “ser”. (…)”

(50:49) – “Es verdad que la sofística, por cierto, con un gesto perfectamente paralelo y análogo al de cierta herencia parmenídea, la de Zenón y Meliso, derivó muchas veces en erística, en arte de discusión, cuando se convierte la posibilidad de construir discursos persuasivos en una procesión de antilogoi, de discursos confrontados, dissoi logoi (δισσοὶ λόγοι), que no tiene terminación. (…)”

(54:52) – “¿Dónde está el nacimiento de la filosofía? (esto es lo que quiero dejar claro esta noche). Cuando se produce por parte de la filosofía una torsión que, de una parte, va a evitar el punto de vista ontológico y, por otra parte, sin embargo, va a defender estrictamente el programa parmenídeo de la identidad de pensar y ser. Y esto se llama “Sócrates”; al menos, el Sócrates que nos ha presentado Platón”.

(55:28) – “Desde el punto de vista de la crítica histórica Sócrates es uno más entre las discusiones sofísticas. Aristófanes lo presenta como un sofista de segunda fila que, además, es ridículo. Y, en Las avispas, como todos sabéis, da una visión de él que fue influyente, además, a la hora de que le condenaran. Las instituciones tradicionales (que daban zarpazos continuamente, porque, claro, estaban presionadas por la discusión de la ilustración, que les quitaba continuamente espacios de poder) lo condenan a muerte. ¿Cuándo? Cuando se ha hecho cargo del poder, ciertamente, la democracia censitaria otra vez, o sea, el punto de vista religioso. ¿Quién condena a Sócrates? ¿Acaso una sociedad agitada, como pretende decir Platón? Esto es una idiotez, es una mentira histórica profunda. Quien condena a Sócrates es la democracia de Trasíbulo, es decir, la democracia moderada, la democracia religiosa. Ya se han ido los 30 tiranos, ya se ha ido el experimento de la democracia radical. Ya están los que siempre han estado: los olímpicos, los de la religión tutelar, éstos son los que condenan a Sócrates. ¿Y por qué condenan a Sócrates? Con toda razón, diría yo: por lo mismo por lo que condenaron a Anaxágoras, por lo mismo por lo que acabaron con los sofistas radicales, por lo mismo por lo que pusieron en huida el movimiento de la ilustración. Es decir, por un concepto de asebeia, de impiedad, de que corrompe a los jóvenes, de que da una educación distinta, etcétera. ¿Cuál es la novedad de Sócrates?”

[A partir de aquí, se comienza a hablar de Sócrates. Pero de esto se tratará en la próxima página/el próximo vídeo de Leyendo Historia de la Filosofía]

(…)


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