La filosofía antigua

La filosofía clásica occidental comienza en Grecia con Tales de Mileto en el siglo VI antes de Cristo y termina con la desaparición del Imperio romano de Occidente, en el año 476 después de Cristo, así como con el cierre de la Academia de Atenas en el Imperio oriental, lo que ocurrió el año 529 d. de C.


LA FILOSOFÍA ANTIGUA // La filosofía en el mundo griego // Los primeros filósofos // Tales de Mileto // Anaximandro de Mileto // Anaxímenes de Mileto // Heráclito de Éfeso // Pitágoras y el pitagorismo // Parménides y la escuela de Elea // Empédocles de Agrigento // Anaxágoras de Clazomene // Demócrito de Abdera // Los sofistas // Sócrates // Platón // Aristóteles // Estoicismo // Epicureísmo // Pirronismo // La Academia y el Liceo // La ciencia helenística // La filosofía en la época romana // Eclecticismo // Neoplatonismo // La Patrística // Agustín de Hipona //


[Autoría del texto principal: César Tejedor Campomanes, en Historia de la Filosofía en su marco cultural, Madrid, SM, 1993, pp. 12 y ss. Se han hecho pequeñas modificaciones ajenas al autor]

(en construcción)


«De todo esto es evidente que la ciudad es una de las cosas naturales, y que el hombre es por naturaleza un animal social, y que el insocial por naturaleza y no por azar es o un ser inferior o un ser superior al hombre»

«Por naturaAristóteles_Política_animal socialleza, pues, la ciudad es anterior a la casa y a cada uno de nosotros, porque el todo es necesariamente anterior a la parte»

AristótelesPolítica, Libro I, 2, 1253a, traducción de Manuela García Valdés, Editorial Gredos, Madrid, 1999, pp. 50-51

Los griegos iniciaron la filosofía occidental. Algunos autores llegan a afirmar que fueron ellos los que “descubrieron al hombre”. Ahora bien, el hombre griego es, ante todo, el ciudadano: un griego sólo concibe su vida en la ciudad (pólis). Aislado, o fuera de la ciudad -dice Aristóteles-, no es ya un “humano”: o es un animal o es un dios. Sólo la ciudad consigue el ideal de autosuficiencia o “autarquía“, y es ella la que permite al ser humano alcanzar su perfección y felicidad. Así, la prioridad “natural” de la ciudad se ve compensada por el hecho de que ella tiene por finalidad la vida perfecta de los individuos.

En la medida en que la ciudad griega consiguió sus objetivos, permitió también la aparición de una vida humana más libre y mejor; justamente por eso, propició también el surgimiento de la filosofía.

Convencionalmente, se puede dividir la historia de la civilización griega en tres períodos representados por tres ciudades:

  • 1) Período arcaico (ss. VIII-VI): Mileto
  • 2) Período clásico (ss. V-IV): Atenas
  • 3) Período helenístico (ss. III-I): Alejandría

(“Aproximación a la Grecia Clásica”: Vídeo Educativo – Aproximación filológica a la cultura griega de la época clásica. Dimensión histórica. Dimensión social. Dimensión religiosa. Dimensión cultural. Autor/es: Jose Luis Navarro. Realizador/es: Pedro Valle Torralbo. CANAL UNED)

MILETO

«La filosofía no nació en calmo retiro, sino en Mileto, el mercado del mundo antiguo en el que los pueblos del Mediterráneo procedían al cambio de sus mercancías; y los más antiguos pensadores no fueron ascetas alejados del mundo, sino hombres distinguidos, curiosos y abiertos al mundo, políticos en parte. Como cabeza (archegetes) de la primera fase de la filosofía helénica, de la filosofía presocrática, a la que suele llamarse filosofía natural (física) en razón de su tema capital, cita Aristóteles a TALES»

Wilhelm NestleHistoria del espíritu griego desde Homero hasta Luciano, Capítulo III, “La filosofía jónica hasta Heráclito”, traducción castellana de Manuel Sacristán, Ariel, Barcelona, 1981, p. 55

La sociedad griega primitiva era fundamentalmente rural y aristocrática: dominaba una nobleza de terratenientes que tenía todo el poder económico y político en sus manos (el rey, si lo había, ya no era más que una figura decorativa). Puesto que sólo los nobles podían tener caballos y armas, eran sus proezas personales las que solucionaban las guerras. El noble representaba, pues, el modelo de “ser humano”, y sobre ese modelo se fundaba una ética para la que “virtud” (areté) es fuerza, valor e independencia. En una situación así, a los pobres y descontentos no les quedaba más solución que expatriarse, buscando tierras libres que cultivar.

Germán Cano,

Germán Cano, “Virtud”, en Diccionario Espasa de Filosofía, VVAA., dirigido por Jacobo Muñoz, Editorial Espasa Calpe, Madrid, 2003, pp. 895-896

El movimiento colonizador griego tiene, pues, un origen socioeconómico. Las fértiles tierras de Asia Menor y del sur de Italia resultaban muy atrayentes. En Grecia había demasiada población para la escasez de recursos, y la aparición de la moneda provocó un endeudamiento insoportable de los más pobres. Así, el primer movimiento colonizador –entre 775 y 675- tiene por objeto buscar nuevas tierras. En cambio, la segunda colonización, entre 675 y 500, se orientará más bien a establecer emplazamientos para el comercio.

(Breve documental sobre la colonización griega)

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Hermann Kinder y Werner Hilgemann, Atlas histórico mundial I, De los orígenes a la Revolución Francesa, Ed. Istmo, Madrid, 1996, pp. 50-51

La aventura colonizadora se dirige, en primer lugar, hacia la Jonia, donde surgen ciudades prósperas con una brillante civilización: Mileto, Éfeso, Samos y otras muchas. En estas ciudades confluyen condiciones desconocidas hasta ahora en Grecia: prosperidad económica, desarrollo artesanal y comercio marítimo floreciente; formas políticas más flexibles y tolerantes; ruptura con el pasado y apertura a otras civilizaciones (las orientales), que aportan un caudal de nuevos conocimientos que permiten relativizar las propias tradiciones. Mileto es, por ejemplo, un puerto comercial de gran actividad en donde confluyen gentes de todos los países, donde todo se comenta y discute, donde se planean nuevas empresas y todas las audacias son posibles. En un ambiente de este estilo surge la filosofía, algo también nuevo e insólito. Como comenta Nietzsche:

Nietzsche_ época trágica_foto1

Friedrich Nietzsche, La filosofía en la época trágica de los griegos, traducción, prólogo y notas por Luis Fernando Moreno Claros, Valdemar, 2003, p. 34. SIGUE LEYENDO

«Dagegen haben die Griechen es verstanden, zur rechten Zeit anzufangen, und diese Lehre, wann man zu philosophieren anfangen müsse, geben sie so deutlich wie kein anderes Volk. Nicht nämlich erst in der Trübsal: was wohl einige vermeinen, die die Philosophie aus der Verdrießlichkeit ableiten. Sondern im Glück, in einer reifen Mannbarkeit, mitten heraus aus der feurigen Heiterkeit des tapferen und siegreichen Mannesalters»

Nietzsche, Friedrich, Die Philosophie im tragischen Zeitalter der Griechen, 1 (ZENO.ORG). SIGUE LEYENDO

El otro ámbito de colonización es Italia meridional. La proximidad geográfica, la dulzura del clima y la fertilidad de la tierra atraen a los expatriados griegos. Allí la prosperidad económica –artesanía, agricultura y comercio- favorece las experiencias políticas, sociales, filosóficas y artísticas. Sin embargo, la democracia no se instaló en seguida: Tarento conserva durante mucho tiempo el régimen aristocrático, y en Siracusa imperan los tiranos, favorecidos por sus victorias militares. De todos modos, es un país nuevo en el que se hace tabla rasa de las tradiciones. Cuando a finales del siglo VI y principios del V la dominación persa hace difícil la vida en Jonia, florecerá la filosofía en esta “magna Grecia”: la Escuela de Elea y los pitagóricos (en Metaponto, Crotona y Tarento) proceden de Jonia, pero en Acragas (Agrigento) nace Empédocles, y en Leontini, Gorgias. A través de esta radiante civilización, etruscos y romanos entrarán en contacto con la cultura griega.

Entretanto, en la Grecia continental -especialmente en Atenas- tiene lugar una importante evolución. La Aristocracia pierde influencia. En efecto, las técnicas de la guerra varían y la victoria ya no depende del jinete costosamente armado, sino del “hoplita” (ciudadano de clase media) o de los remeros (clase pobre): la nobleza pierde el monopolio de la defensa de la ciudad, y ya no puede justificar la usurpación del poder político. Desde principios del siglo VII comienza una auténtica revolución económica: florecen el comercio y la pequeña industria, con lo que la riqueza de los terratenientes cede ante unos “nuevos ricos” que ya no son nobles. Por otro lado, la inestabilidad social es continua, y estallan revoluciones sociales que exigen el reparto de las tierras y la abolición de las deudas. Así se explica la aparición de “legisladores” y “tiranos” que monopolizan el poder apoyados en el descontento popular. Hay que citar, en Atenas, las legislaciones de Dracón (624) y Solón (594), y las tiranías de Pisístrato y sus hijos (560-510), seguidas de las importantes reformas de Clístenes (510-507). Todos ellos pretenden desposeer a los nobles y fortalecer el Estado; en la práctica, se prepara el terreno jurídico y social para la democracia. Pero no sólo asciende la clase “burguesa” y mejoran los pobres, sino que los tiranos ejercen un verdadero mecenazgo literario y artístico, engrandeciendo y embelleciendo la polis. Cuando agonicen las colonias jónicas, la Grecia continental estará ya preparada para tomar el relevo. Atenas, que acogerá a numerosos emigrados, sustituirá a Mileto (destruida en 494 a. de C. por los persas).

(Documental del canal ARTEHISTORIA sobre las guerras médicas)

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Mileto (apuntes en PDF)

ATENAS

(Documental del canal ARTEHISTORIA sobre Atenas)

La victoria sobre los persas (guerras médicas) confiere la tranquilidad exterior a los griegos y permite el desarrollo de la Grecia “clásica”. Al mismo tiempo, consagra la supremacía de Atenas. Pero las guerras entre las ciudades son continuas y las rivalidades internas no cesan nunca; sólo la época de Pericles supone un periodo de paz relativa.

(Documental del canal ARTEHISTORIA sobre Pericles)

La Grecia Clásica se basa sobre un difícil equilibrio de fuerzas: deseo de libertad e independencia, frente a la pasión por la supremacía y el poder; igualdad de todos, frente a la admiración por el “hombre superior” (por tanto, democracia frente a oligarquía); sometimiento a las leyes (nómoi) y servicio a la ciudad, frente al individualismo y a la afirmación de que la protección del individuo es la finalidad de la ciudad. Cuando estas tendencias logran conjugarse armoniosamente se consigue el “equilibrio clásico”, ideal de todo el sistema. Pero, ante todo, la Grecia clásica es la ciudad y es la democracia.

La ciudad constituye el centro de un Estado independiente. Su territorio -en el que vive la población rural- es reducido, y el total de habitantes tampoco ha de ser muy grande, ya que todos deben poder conocerse (Platón propone unos 5000, aunque Atenas tiene bastantes más). La ciudad ofrece refugio en caso de guerra y es el centro de toda actividad económica, social y política; en ella están los mercados, las escuelas y gimnasios, el teatro y los templos.

La democracia supone la isonomía (todos son iguales ante la ley) y la isegoría (todos tienen derecho a hablar en la Asamblea). La Asamblea de ciudadanos es soberana; todos pueden participar en ella, de tal manera que la Grecia clásica ignora el sistema representativo: el ejercicio de la soberanía es directo. Sólo las oligarquías, cuando triunfan, limitan estos derechos. Pero además de la Asamblea existe un Consejo y numerosos magistrados, por los que sobre estos últimos se ejerce todo tipo de controles para evitar su preponderancia.

(Extracto de un documental del Canal Historia sobre la democracia de Pericles. Aquí abajo está completo)

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Ágora de Atenas en el siglo V a. C.: plano con los principales edificios y estructuras

Sin embargo, la ciudad griega se basa en gran parte sobre el trabajo de los esclavos, que no son maltratados, pero carecen de todos los derechos de los ciudadanos libres (25% de la población únicamente). Estos quedan separados de toda actividad económica: muchos son propietarios de tierras, pero el trabajo físico está mal considerado y no se ve con buenos ojos el dedicarse a una actividad remunerada. Muchos viven en la ociosidad, y la ciudad, además, entrega una cierta cantidad diaria (el misthos) a los magistrados, a los jurados de los tribunales, a los soldados e incluso -a partir del siglo IV- a todos los ciudadanos los días que participaban en la Asamblea. Esto explica que el ciudadano de Atenas se dedique, sobre todo, a la vida pública. La casa queda para la mujer, que no sale casi nunca y permanece marginada. Cuando el varón regresa a casa, es frecuente que organice banquetes con sus amigos hasta altas horas de la noche: se come, se bebe, se escucha música, se habla de política y… de filosofía.

(Gustavo Bueno trata sobre la democracia ateniense y su lugar en un panorama general de la democracia)

Atenas, como Mileto, es también puerto de mar. Impone su economía, sus productos, sus gustos y su estilo en toda Grecia. No es extraño, pues, que a ella afluyeran numerosos extranjeros, muchos de los cuales se quedaban allí a vivir (son los metecos). Excluidos de derechos políticos y de la propiedad inmobiliaria, son bien recibidos y se les asimila en todo lo demás a los ciudadanos. Se dedican al comercio, a los pequeños oficios o a las artes. De hecho, puede decirse que no hubo sabio, artista o literato griego que no pasase una época de su vida en Atenas.

Estos rasgos explican por qué Atenas se convirtió se convirtió en el centro del pensamiento filosófico. Las condiciones eran favorables: economía floreciente, libertades democráticas, contactos con otras culturas, afluencia de extranjeros, curiosidad por todo… Por lo demás, la religión clásica había perdido vitalidad: los mitos casi sólo servían de inspiración para el arte y la literatura, no existía un sacerdocio organizado ni había libros sagrados: el pensamiento estaba libre de dogmas.

En este ambiente es fácil imaginar a Sócrates dialogando en las calles con sus conciudadanos, encontrándose con filósofos extranjeros, participando en un banquete que deriva no en orgía, sino en discusión filosófica. Pero también se comprende el carácter de esta filosofía. Aristóteles señala que su grandeza radica en que “no es ciencia práctica”; los que la buscan están “movidos solo por el afán de conocer, y no por fin utilitario alguno”, y por ello “solo es posible en aquellos lugares en los que los hombres pueden dedicarse al ocio” (Aristóteles, Metafísica, Libro Primero (A), Capítulos 1 y 2, pássim).

Aristóteles, Metafísica, Libro Primero (A), 981b 20-25, introducción, traducción y notas de Tomás Calvo Martínez, Editorial Gredos, Madrid, 1998, p. 73

Aristóteles, Metafísica, Libro Primero (A), 981b 20-25, introducción, traducción y notas de Tomás Calvo Martínez, Editorial Gredos, Madrid, 1998, p. 73

En cuanto que surge del ocio y de la desvalorización del trabajo productivo, esta filosofía es fundamentalmente teórica y contemplativa, actividad gratuita que prima el conocimiento y los valores teóricos, así como la construcción de modelos ideales (lo cual se observa también en la escultura y la arquitectura). En contrapartida, los pensadores griegos descuidan el avance de la técnica, e incluso los sabios alejandrinos no construyen máquinas sino como entretenimiento: puesto que hay esclavos, ¿qué mejor máquina se puede inventar?

La ciudad democrática hizo posible, pues, la eclosión de la filosofía. Pero he aquí la paradoja: en general, ni los filósofos ni los poetas sienten gran simpatía por la democracia.

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Atenas (apuntes en PDF)

ALEJANDRÍA

Las conquistas de Alejandro habían tenido consecuencias culturales de gran trascendencia. El siglo IV significó ya una decadencia de la cultura griega (salvo, precisamente, en filosofía): agotadas por las luchas internas y por las guerras, las ciudades griegas pierden entonces algo que les era esencial: la independencia. Además, la civilización griega entra en contacto con las culturas orientales; y aunque sale victoriosa en esta confrontación –las nuevas tierras se “helenizan”-, son muchos los elementos exóticos que termina por asimilar. Ya no se puede hablar más de una época “clásica”.

«MacedonEmpire» de Generic Mapping Tools - created by user. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:MacedonEmpire.jpg#/media/File:MacedonEmpire.jpg

Imperio macedónico («Macedonian Empire» de Generic Mapping Tools – created by user). Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons (http://commons.wikimedia.org/wiki/File:MacedonEmpire.jpg#/media/File:MacedonEmpire.jpg)

(Documental del canal ARTEHISTORIA sobre las campañas de Alejandro Magno)

Si la civilización “clásica” fue una civilización de la pólis, la civilización helenística aparece como una civilización del basileus (rey), una civilización monárquica. Incluso los filósofos de todas las escuelas elaboran una teoría monárquica, y algunos llegan a la idea de un rey del mundo, único, identificado por los estoicos con el sabio por excelencia. Para el pueblo, el rey es el representante de la divinidad, y por ello se le rinde culto. El bienestar y la felicidad de los ciudadanos ya no es una consecución de la ciudad democrática, sino que procede de los “beneficios” del rey para con sus súbditos. El rey es llamado evergetes (bienhechor), boethós (ayudador) y sóter (salvador). El hombre libre de la época anterior ha desaparecido. La única libertad posible entonces consiste –como proclaman los estoicos- en una libertad “interior”: el único hombre verdaderamente libre es el rey soberano. Él representa el poder divino y de él emana toda ley.

Sin embargo, la ciudad griega no desaparece, pero se transforma profundamente. De hecho surgen numerosas ciudades nuevas, justamente como instrumento de helenización. Ésta fue la táctica civilizadora de los seléucidas en Asia (Seleuco I fundó no menos de 59, 16 de las cuales llevan el nombre de Antioquía –en recuerdo de su padre-, 9 el de Seleucia y 5 el de Laodicea); en cambio, los lágidas (dinastía Ptolemaica) fueron mucho más restrictivos en Egipto (después de la fundación de Alejandría por el mismo Alejandro, únicamente se funda Ptolemaida). Estas ciudades son focos de helenización porque en ellas conviven griegos y no griegos, pero bajo la cultura, lengua y costumbres de los primeros. La riqueza ha aumentado considerablemente y en todas partes domina una burguesía acomodada y culta, celosa de sus privilegios: ya no puede hablarse de auténtica democracia. Por otro lado, el poder del rey se hace notar continuamente: hay que pagar tributos, se reciben o se retiran beneficios, puede haber un representante real e incluso una guarnición que vigila. Sin embargo, en estas ciudades aumenta continuamente el bienestar de la burguesía –se llega a un lujo desconocido hasta entonces- y las preocupaciones culturales se extienden: las escuelas se multiplican, la educación alcanza también a la mujer y los más ricos envían a sus hijos a estudiar a Atenas.

La cultura helenística adquiere algunos caracteres nuevos que proceden, al menos parcialmente, del contacto con las culturas orientales. La religiosidad recibe nuevos impulsos: junto al culto –sin duda formalista- al rey, aparece el culto a la Fortuna, e inquietudes referentes a la salvación, la muerte y la otra vida. En realidad, ya en la Grecia clásica los cultos a Dionisos y los misterios de Eleusis respondían a estas preocupaciones trascendentes y místicas, pero ahora encuentran respuesta en los cultos de Atis y Cibeles (Asia Menor) o Isis y Osiris (Egipto). El arte, paralelamente, abandona las apolíneas imágenes clásicas y refleja mucho más la pasión desenfrenada, el movimiento y la individualidad.

(Documental del canal ARTEHISTORIA sobre el arte en el período helenístico)

Todo parece indicar, pues, que el “alma” de esta civilización ha variado. El individuo ha perdido el soporte arropador de la pequeña ciudad-Estado y se siente perdido en el mundo: el hombre ya no es sino “ciudadano del mundo”, según afirman los filósofos cínicos y estoicos. Por eso busca una “salvación” en las religiones o en la filosofía. Esta última derivará claramente hacia los problemas candentes de la ética y la felicidad (estoicos y epicúreos). Por otro lado, la cultura ha sufrido una profunda ruptura: ya no domina la razón, el hombre ha perdido su equilibrio “clásico” e incluso ya no existe un “centro” que aglutine todos los esfuerzos. Atenas sigue siendo el hogar de la filosofía; pero el resto de la cultura se ha dispersado y descentralizado. Alejandría, con su Museo y su impresionante Biblioteca, es el modelo; pero lo que allí se hace es ciencia, y no filosofía. Junto a Alejandría hay que citar otras ciudades culturalmente importantes: Rodas y Pérgamo, por ejemplo. La ruptura, pues, parece más profunda: por primera vez la filosofía y la investigación científicas parecen caminar cada una por su lado. Incluso geográficamente están alejadas: Atenas o Alejandría.

“Filosofía griega: del mito al logos” (esquemas-guiones), Cuadernos de Filosofía “DUERERÍAS” (Sebastián Salgado González)

 (Extracto de la serie Cosmos, presentada por Carl Sagan en el que se habla sobre la Biblioteca de Alejandría)

Alejandría (apuntes en PDF)


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2 pensamientos en “La filosofía antigua

  1. Hola, buenas tardes.
    Aprecio tu esfuerzo, esta es una gran contribución en este mundo que ofrece no pensar como propuesta.

    Con tu permiso quisiera hacer mención de que la Filosofía no empieza en Grecia, si no en la India 2000 años antes que los filósofos griegos.

    ¡Saludos!

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